El insomnevista (Gregorio Samsa)

por Alvaeno

Por Marcos Morneo

El insomne se desplaza en el momento previo que conduce al sueño y sus órganos parecen excusarlo: primero siente deseos incontenibles de orinar y piensa: sufro de incontinencia prostática.
Se levanta, va al baño y, tras la falsa alarma, vuelve a la cama y la yacija lo expulsa de nuevo, en su mente otra sensación, o la de siempre de que algo va mal. Cesárea Évora estuvo hasta los cincuenta sin conocer el éxito. Este pensamiento lo entretiene mientras pasea por la casa que parece vacía como si el sueño también la hubiera vaciado o como si la misma muerte se alojase en ella.
Entra el insomnevista en la cocina, busca algo que comer, un trozo de pan duro sobre la mesa le recuerda la pobreza, la vil pobreza que sufren miles de seres humanos, mientras él se debate entre el sueño y la vigilia venciendo la última siempre. Coge el trozo de pan duro y lo mordisquea como un ratón hambriento. Desde la ventana puede contemplar la noche y allí, fuera, en esa oscuridad lacerante parece brillar una luz cenital que ilumina el camino a la vieja guadaña. Pasea, el insomnevista por el salón de la casa desierta y vacía, da vueltas en torno de una mesa pequeña que está en el centro, cansado de girar como un planeta se dirige a la librería donde cientos de libros esperan ansiosos siempre de ser leídos. Tras echar un vistazo a los lomos, se sienta en su mesa de trabajo y decide escribir en su bloc de notas la palabra insomne pero le asalta la duda de dónde se sitúa la m y escribe: imnsomevista, luego rectifica y escribe: imsonmevista, y la tercera y última palabra que escribe es: insomnevista.

Insomnevista: Dícese de aquel que insomnova por la vía láctea esperando la nada. De como conocí a Gregorio Samsa.

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