El gobierno que viene

por Rafael Balanzá

Tengo un conocido, sospecho que bastante próximo a la ultraderecha, que va diciendo por ahí que ha empezado a leer a Nietzsche. No deja de tener su punto chocante, ya que como sabemos la derecha española ha sido históricamente -y lo sigue siendo hoy, sin duda- la más paleta de Europa. En otros países, algunos escritores (Chesterton en Gran Bretaña, Chateaubriand en Francia) han aglutinado en torno a su liderazgo moral a un muy nutrido grupo de seguidores, e incluso se han convertido en referentes culturales capaces de movilizar a amplios sectores sociales; sin embargo, en España, sobre todo durante el pasado siglo XX, casi todos los intelectuales realmente importantes se han identificado, en una u otra medida, con la izquierda. Y si ha habido alguno significativo en la derecha -como en su momento los escritores de Falange, por ejemplo-, no han arrastrado precisamente a grandes masas lectoras, y a duras penas podrían competir hoy, en cuanto a vigencia canónica, con los del otro lado. Espero que Trapiello no tenga nada que objetar a este párrafo.

Ahora que nos advierten que llegan los bárbaros (el gobierno que viene: la estúpida derecha de siempre, pero supervitaminada y mineralizada con altas dosis de voxita), sería un buen momento para preguntarnos qué se debería salvar de esta izquierda, que también es bastante lerda, si vale el pareado. El ayatola Jamenei acaba de alabar a Jesucristo, cosa que como todo el mundo sabe no puede hacer Pedro Sánchez sin correr el riesgo de que se le pegue la lengua al paladar y le salgan en la piel escaras, ronchas y úlceras dignas de la niña del Exorcista cuando la rocían con agua bendita. Buenísima ocasión para reasumir mi papel provocador y escribir aquí ahora que los ideales esenciales de la izquierda histórica, como la protección de los desfavorecidos o la redistribución de la riqueza, son de raigambre inequívocamente cristiana. Todo lo demás, y especialmente la quincalla woke, resulta enteramente prescindible.

Dicen que los viejos del PSOE, Felipe y Guerra, principalmente, y sus comparsas más jóvenes, como García-Page, están planteando una especie de radical renovación del partido, pensando ya en una era post-Sánchez, para reconectarlo con su historia y sus valores fundacionales. La verdad es que el presidente manchego me recuerda mucho al enano de la Posada del Potro. Es una vieja leyenda cordobesa que nos contaba mi padre. Se trataba de un diminuto hombrecillo con una voz tremendamente grave y vibrante. El dueño le permitía vivir en la fonda con la única condición de que utilizara su voz para poner orden cuando la cosa se desmadraba mucho. Pendencias, juergas, borracheras… eran muy frecuentes en el establecimiento. Entonces el enano gritaba: “¡Como baje yo!”. Hasta que un día pasó lo que tenía que pasar. Un camorrista le respondió: “¡Pues baja de una vez, o subo yo a buscarte!”. El cuento terminaba con el enano escondiéndose debajo de la cama. Espero que Emiliano no comparta su ridículo destino y sea de una vez consecuente con sus proclamas y recriminaciones. Que no se esconda, vamos… Y que después de gritar, dé la cara. Si fuera así de valiente, algunos (y diría que no pocos), nos pondríamos de su parte.

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